Quiero el divorcio
continuación verán una historia donde el esposo no aya las palabras para para decirle a su esposa que que quiere el divorcio el divorcio
Hermosa historia que debe ser leída y compartida por todos... casados, solteros y próximos a casarse... Tomen unos minutos para leerlo.
Cuando llegue a mi casa esa noche, mientras que mi esposa me servía la cena, le agarre su mano y le dije, tengo algo que decirte.
Ella se sentó y comió callada. La observé y vi el dolor en sus ojos. De pronto no sabía cómo abrir mi boca.
Pero tenía que decirle lo que estaba pensando... “Quiero el divorcio”.
Ella no parecía estar disgustada por mis palabras y me pregunto suavemente ¿Por qué?
Evite su pregunta con mi silencio, esto le hizo enfurecer. Tiro los utensilios y me grito, tú no eres un hombre!!!
Esa noche no hablamos, ella lloraba. Yo sabía que ella quería saber que estaba pasando con nuestro matrimonio, pero no pude contestarle,... mi corazón le pertenecía a otra mujer llamada Juliana. ¡Ya yo no amaba a mi esposa, solamente le tenía lástima!
Con un gran sentido de culpabilidad, escribí un acuerdo de divorcio y en este acuerdo ella se quedaba con la casa, el carro y el 30% del nuestro negocio. ¡Ella miró el acuerdo y lo rompió en pedazos! ¡Ella paso 10 años de su vida conmigo y éramos como extraños!
Yo le tenía lástima por todo su tiempo y su energía perdidos; pero ya no podía cambiar, yo amaba a Juliana. De pronto empezó a gritar y a llorar como para desahogarse.
La idea del divorcio ahora era más clara para mí. El próximo día llegué a casa y la encontré escribiendo en la mesa. No cené y me fui a dormir, estaba muy cansado de haber pasado el día con Juliana. Cuando desperté, todavía mi esposa estaba escribiendo en la mesa. No me importó, me viré y seguí durmiendo.
Por la mañana mi esposa me presentó sus condiciones para el divorcio. No quería nada de mí pero necesitaba un mes de aviso antes del divorcio. Me pedía que por un mes tuviéramos que vivir como si nada y llevarnos normal. Su razón era simple, nuestro hijo tenía todo ese mes exámenes y no quería molestarlo con nuestro matrimonio quebrantado. Yo estuve de acuerdo, pero ella tenía otra petición, que me acordara cuando yo la cargué a nuestro cuarto el día que nos casamos. ¡Me pidió que por ese mes, todos los días la cargara del cuarto hasta la puerta de salida de la casa! Pensé que se estaba volviendo loca pero para que la fiesta fuera en paz, acepté.
Le conté a Juliana lo que mi esposa me pidió y Juliana se reía en vos alta y dijo que era una petición absurda, que no importaba que truco mi esposa usara, tendría que darle la cara al divorcio…
Mi esposa y yo no teníamos contacto físico desde que expresé mis intensiones de divorcio, así que cuando la cargué el primer día hasta la puerta del frente, los dos nos sentimos mal. Nuestro hijo caminaba detrás aplaudiéndonos y diciendo “papá está cargando a mi mama es sus brazos.”
Sus palabras me causaron mucho dolor. Caminé los 10 metros con mi esposa en mis brazos. Ella cerró los ojos y me dijo en vos baja, no le digas a nuestro hijo lo del divorcio. Le señalé con la cabeza un poco disgustado; la bajé cuando llegue a la puerta, se fue a esperar la transportación para ir al trabajo.
Yo manejé solo a mi oficina. El segundo día, los dos estábamos más relajados, ella se apoyó a mi pecho, pude sentir la fragancia de su blusa. Me di cuenta que hacía tiempo que no la miraba detenidamente. ¡Me di cuenta que ya no era tan joven, tenía algunas arrugas, y algunas canas! ¡Era notable el daño de nuestro matrimonio! Por un momento pensé y me pregunte, ¿Qué fue lo que le hice?
Hermosa historia que debe ser leída y compartida por todos... casados, solteros y próximos a casarse... Tomen unos minutos para leerlo.
Cuando llegue a mi casa esa noche, mientras que mi esposa me servía la cena, le agarre su mano y le dije, tengo algo que decirte.
Ella se sentó y comió callada. La observé y vi el dolor en sus ojos. De pronto no sabía cómo abrir mi boca.
Pero tenía que decirle lo que estaba pensando... “Quiero el divorcio”.
Ella no parecía estar disgustada por mis palabras y me pregunto suavemente ¿Por qué?
Evite su pregunta con mi silencio, esto le hizo enfurecer. Tiro los utensilios y me grito, tú no eres un hombre!!!
Esa noche no hablamos, ella lloraba. Yo sabía que ella quería saber que estaba pasando con nuestro matrimonio, pero no pude contestarle,... mi corazón le pertenecía a otra mujer llamada Juliana. ¡Ya yo no amaba a mi esposa, solamente le tenía lástima!
Con un gran sentido de culpabilidad, escribí un acuerdo de divorcio y en este acuerdo ella se quedaba con la casa, el carro y el 30% del nuestro negocio. ¡Ella miró el acuerdo y lo rompió en pedazos! ¡Ella paso 10 años de su vida conmigo y éramos como extraños!
Yo le tenía lástima por todo su tiempo y su energía perdidos; pero ya no podía cambiar, yo amaba a Juliana. De pronto empezó a gritar y a llorar como para desahogarse.
La idea del divorcio ahora era más clara para mí. El próximo día llegué a casa y la encontré escribiendo en la mesa. No cené y me fui a dormir, estaba muy cansado de haber pasado el día con Juliana. Cuando desperté, todavía mi esposa estaba escribiendo en la mesa. No me importó, me viré y seguí durmiendo.
Por la mañana mi esposa me presentó sus condiciones para el divorcio. No quería nada de mí pero necesitaba un mes de aviso antes del divorcio. Me pedía que por un mes tuviéramos que vivir como si nada y llevarnos normal. Su razón era simple, nuestro hijo tenía todo ese mes exámenes y no quería molestarlo con nuestro matrimonio quebrantado. Yo estuve de acuerdo, pero ella tenía otra petición, que me acordara cuando yo la cargué a nuestro cuarto el día que nos casamos. ¡Me pidió que por ese mes, todos los días la cargara del cuarto hasta la puerta de salida de la casa! Pensé que se estaba volviendo loca pero para que la fiesta fuera en paz, acepté.
Le conté a Juliana lo que mi esposa me pidió y Juliana se reía en vos alta y dijo que era una petición absurda, que no importaba que truco mi esposa usara, tendría que darle la cara al divorcio…
Mi esposa y yo no teníamos contacto físico desde que expresé mis intensiones de divorcio, así que cuando la cargué el primer día hasta la puerta del frente, los dos nos sentimos mal. Nuestro hijo caminaba detrás aplaudiéndonos y diciendo “papá está cargando a mi mama es sus brazos.”
Sus palabras me causaron mucho dolor. Caminé los 10 metros con mi esposa en mis brazos. Ella cerró los ojos y me dijo en vos baja, no le digas a nuestro hijo lo del divorcio. Le señalé con la cabeza un poco disgustado; la bajé cuando llegue a la puerta, se fue a esperar la transportación para ir al trabajo.
Yo manejé solo a mi oficina. El segundo día, los dos estábamos más relajados, ella se apoyó a mi pecho, pude sentir la fragancia de su blusa. Me di cuenta que hacía tiempo que no la miraba detenidamente. ¡Me di cuenta que ya no era tan joven, tenía algunas arrugas, y algunas canas! ¡Era notable el daño de nuestro matrimonio! Por un momento pensé y me pregunte, ¿Qué fue lo que le hice?
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